6/12/21

CARTA DE ADVIENTO DEL CORRECTOR GENERAL P. GREGORIO COLATORTI O. M.

Muy queridos hermanos,

Un saludo fraterno para todos vosotros, con deseos de gozo y paz en Jesucristo, nuestro Señor.

Nos disponemos a iniciar el camino de Adviento, tiempo fuerte del año litúrgico y más aún para nuestra espiritualidad Mínima de conversión.

Algunos acontecimientos favorables enriquecen este año nuestro camino en cuanto Mínimos en la Iglesia: el IV Centenario del nacimiento del Beato Nicolás Barré, el Centenario de la Basílica de la Iglesia Conventual de nuestra Casa- Madre de Paula y el Sínodo de toda la Iglesia para los tres próximos años.

La fase diocesana del Sínodo, ya iniciada el pasado 17 de octubre con el tema: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, nos afecta a todos como cristianos y, de forma particular y especial, como religiosos. Todos estamos llamados a participar individual y comunitariamente en esta reflexión, pues a través de lo sinodal pasa el futuro de toda la Iglesia (cfr. Documento sobre el proceso sinodal del 21 de abril de 2021).


1 Hace ya algunos años que los religiosos venimos reflexionando sobre el tema (cfr. VV. AA.); no es novedad para la Vida Consagrada, dado que ésta se basa en lo sinodal y en la coparticipación por su misma naturaleza (cfr. U. Sartorio, Sinodalità e Vita Consacrata). Esta fase de reflexión sobre lo sinodal puede ser una buena ocasión para insistir en la comprensión y actuación de todas las formas de coparticipación y puesta en común que hemos recibido los Mínimos por el don carismático del Espíritu Santo como instrumento para vivir el carisma específico y los carismas personales: los capítulos, los encuentros comunitarios y la reconciliación fraterna.

Los tres acontecimientos que celebramos este año son muy significativos y útiles para reflexionar sobre nuestra vida Mínima, y tienen su origen más natural y su mejor perspectiva de innovación y actuación en el mismo misterio de la vida de Jesús, la Encarnación del Hijo de Dios. Que este acontecimiento que meditamos en el tiempo fuerte del Adviento guíe nuestros encuentros comunitarios y nuestra vida fraterna, y que desde ahí brote el mismo deseo de encuentro y de coparticipación que Dios ab eterno ha propuesto para venir al encuentro del hombre. Un encuentro marcado desde el inicio por la unión entre Encarnación y Pasión; de manera que todo encuentro implica el estar con todo el ser de uno mismo, de forma auténtica, y el comprenderse y darse, con el sacrificio que requiere la aceptación de los límites propios y ajenos.

Esta fuerte unión teológico-espiritual entre la Encarnación y la Cruz que nuestro carisma nos invita a vivir bien la expresa Orígenes con estas palabras: “Y ha perseguido al hombre mísero y mendigo. Siendo rico, se hizo pobre por vosotros” (2 Co 8,9). El Señor se define mísero y mendigo: ¿quién, pues, podrá vanagloriarse de sus riquezas? Tenéis un consuelo vosotros, pobres: también el Señor es pobre con vosotros. Y continúa Orígenes: “Y uno que era abrumado en el corazón, para hacerlo morir”. ¿Qué significa uno que era abrumado en el corazón, para hacerlo morir?” Lo ha dicho ya en el Evangelio: “Mi alma está triste hasta la muerte” (Mt 26,38). Y también: “Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz” (Mt 26,39). Por otro lado, esto me atormentaba y yo me entristecía por mis perseguidores, porque no querían hacer penitencia. Yo pendía de la cruz, y con mi sangre lavaba sus maldades, pero ellos no querían hacer penitencia. Éstas eran mis lágrimas, éste era mi dolor: no haber podido salvar a aquéllos que me perseguían” (cfr. Orígenes-Jerónimo, 74 Omelie sul Libro dei Salmi, Ed. Paoline, 1993, Sul Salmo 108, 383).

Según Orígenes es el mismo Jesús quien explica los dos misterios de su vida y la íntima unión entre los dos: se despojó de sí mismo, tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres (Flp 2,7) en la Encarnación, y también que fue despojado de su dignidad humana en la cruz. Ambos misterios son humanamente una expoliación, pero son a la vez, desde la mirada de Dios, un don de su misma vida y un don de la gracia por medio del Espíritu para poderla encarnar en la vida de cada uno de nosotros.

A esto invita Orígenes cuando lanza su llamada con las palabras tan humanas y divinas de Cristo, para comprender la vida de Dios y su don, y llevarla a la práctica dejándonos convertir por su pasión amorosa y ser conducidos a la verdadera penitencia.


2 De forma muy humana Cristo invita a escuchar su experiencia y su predicación y a profundizar en el conocimiento de su Palabra que revela, y realiza concretamente en su experiencia.

Por lo tanto, prestar atención es, pues, la base y la perspectiva del Adviento, y de nuestra vida cotidiana, si quiere ser plenamente humana y cristiana.

La experiencia reveladora de Jesús es invitación al diálogo porque de esta manera Dios habla a nosotros en todo momento. Para poder dialogar el mismo Jesús se ha encarnado, se ha hecho prójimo, cercano para comunicar su plena humanidad renovada por la vida divina, y poder transmitir a todo hombre la disposición total en un continuo diálogo de comunión; lo mismo debe hacer el discípulo que se dispone al diálogo.

En el sufrimiento del rechazo experimentado por Cristo experimentamos la cercanía compasiva de Dios y la más profunda capacidad de escucha. No rechaza el sufrimiento, fruto del pecado del hombre; el pecado no ha sido para Dios motivo de condenación, sino de una mayor búsqueda de acercamiento, de escucha y perdón, no obstante el sufrimiento.

Precisamente de ese sufrimiento y de esa Cruz nace la Iglesia: y al punto salió sangre y agua (Jn 19,34); ha sido un acontecimiento no de derrota o de muerte, sino de nueva generación: pues Él mismo ha sido engendrado en la humanidad por la Encarnación, y con su Cruz ha engendrado a la humanidad por el perdón y la filiación divina.

Ser hijo es escuchar a Cristo y su mensaje de amor-escucha hasta el sacrificio, y proponer la misma escucha en las relaciones de los hijos en la Iglesia. Escucha, compasión, apertura son actitudes a las que el Sínodo invita y que, en realidad, son lo constitutivo del cristiano-hijo.

Somos hombres llamados a ser luz para todos aquellos que quieran hacer camino de conversión, Mínimos, cristianos y humanos plenamente, y por consiguiente llamados a ser profetas del diálogo que consiste en saber escuchar y comprender con paciencia y compasión al hermano, a los hermanos de nuestra familia religiosa, a los fieles que se nos acercan.

Fundando nuestra capacidad de diálogo en nuestro cotidiano diálogo con Cristo que santifica, estamos llamados a cumplir la más importante misión de nuestro ser Mínimos: luz que ilumina a los penitentes en la Iglesia, escuchando, ante todo las exigencias de la historia concreta que vivimos en la sociedad, en la Iglesia (cfr. Gaudium et Spes 1) y especialmente en nuestras comunidades y fraternidades.


3 Ejercitémonos en este tiempo fuerte en el diálogo y en la escucha.

Los instrumentos para alimentar el diálogo con Dios son: oración personal y comunitaria, Lectio divina, celebración de la Eucaristía comunitaria y animada.

Los instrumentos para el diálogo con los demás son: los encuentros comunitarios, disposiciones a escuchar sin prejuicios, sin respeto humano, abierto, compasivo; también las obras de caridad como son: ante todo la acogida sincera, el prodigarse gratis, saliendo al encuentro de las necesidades reales y concretas del hermano.

Todo sacerdote, está llamado por su misión a ser: “Un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, el mayor tesoro que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina” (cfr. El Cura de Ars, Pensamientos), comunicando y ofreciéndose a sí mismo gratuita y generosamente, sea a los hermanos de comunidad y de religión como a todo el que espera nuestro testimonio evangélico, encarnado, vivo. El religioso- sacerdote es ‘el hombre de la Palabra divina y de lo sagrado’, y además tiene que ser hombre de alegría y esperanza (cfr. Benedicto XVI, Ars sept.-oct. 2009).

Todo religioso tiene que ser por naturaleza portador de alegría y de comunión, experimentadas y vividas primero en comunidad, y después con quien se le acerca; todo ello como fruto del encuentro con Dios y con el hermano que tiene al lado.

El acercamiento a los pobres, cualquiera que sea su pobreza es la meta de la consagración que hemos recibido, del Carisma de la Penitencia-Caridad que se nos ha encomendado, y de nuestra filiación de hijos de Dios.

Propongámonos ser más diligentes en atender a las necesidades reales y solicitudes de los demás. En clima sinodal se nos pide revisar nuestras formas de anunciar o prestar más atención a las realidades actuales de la sociedad (cfr. GS 44). Únicamente mediante el diálogo vivo y compasivo, respetuoso con los demás por su dignidad y por la experiencia podemos descubrir una auténtica sinodalidad y poner en práctica lo que el Sínodo de la Iglesia nos pide: comunión, participación y misión (cfr. Por una Iglesia más sinodal: comunión, participación, misión).

Adjunto a esta carta dos oraciones: la invocación al Espíritu Santo propuesta para estos tres años de Sínodo y para recitar en los encuentros sinodales y comunitarios, y una oración por las vocaciones a nuestra familia religiosa.

Llegue a cada uno de vosotros de parte de esta Curia General el augurio de un provechoso camino de Adviento y Santa Navidad.

Un saludo fraterno para todos.

Desde nuestro Convento de San Francisco de Paula ai Monti.

Roma, noviembre 2021, I Domingo de Adviento.

P. Gregorio Colatorti
Corrector General


A toda la Familia Mínima, Frailes, Monjas, Terciarios
SEDES



INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO DURANTE EL SÍNODO 

Ven, Espíritu Santo.
Tú que suscitas lenguas nuevas
y pones en los labios palabras de vida,
líbranos de convertirnos en una Iglesia de museo,
hermosa pero muda, con mucho pasado y poco futuro.

Ven en medio nuestro,
para que en la experiencia sinodal
no nos dejemos abrumar por el desencanto,
no diluyamos la profecía,
no terminemos por reducirlo todo
a discusiones estériles.

Ven, Espíritu de amor,
dispón nuestros corazones a la escucha.
Ven, Espíritu de santidad,
renueva al santo Pueblo de Dios.
Ven, Espíritu creador,
renueva la faz de la tierra.

Amén.


ORACIÓN POR LAS VOCACIONES MÍNIMAS

Dios omnipotente y eterno, 
te pedimos que mandes a tu mies
operarios idóneos y generosos; 
en especial a la Orden de los Mínimos,
personas capaces de optar radicalmente por el Evangelio
siguiendo el carisma de San Francisco de Paula,
gran testigo del Amor y de la Penitencia evangélica.
Te lo pedimos por tu hijo unigénito
Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

22/7/21

HOMILÍAS DEL TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO

Muy amablemente nos comparte el sacerdote D. Pedro San Clemente, sus homilías durante los días del triduo vivido en Alaquás (Valencia) en honor del Beato Gaspar de Bono O. M. 

TRIDUO AL SANTO BEATO GASPAR DE BONO.
I DÍA (Ex 1, 8-14.22 // Sal 123, 1b-8 // Mt 10, 34- 11,1) 

Cuando nos disponemos a celebrar el Triduo en honor al Beato Gaspar de Bono, empezamos en la 1a lectura el libro del Éxodo, el 2o libro de la Biblia, después del Génesis. Hemos cambiado de libro, pero seguimos con la historia del pueblo elegido. Si recuerdan bien, la semana pasada lo habíamos dejado en Egipto, cuando Jacob bajó a Gosén con todos sus descendientes reencontrándose con su hijo José, viviendo en Egipto bajo su protección. Concluíamos así la lectura de la era de los patriarcas. Han pasado más de 400 años, según el texto, y empieza la historia de este otro gran personaje que es Moisés, que guiará al pueblo, liberándolo de la esclavitud de Egipto, a la libertad y a la Tierra Prometida.

Es esta historia, una historia muy significativa para entender los planes de Dios que lleva adelante la promesa hecha a Abrahán, la de una descendencia numerosa como la arena de la playa y la de una tierra, Canaán.

Los años no pasan en balde. Estamos en el siglo XIII a.C. El Faraón de turno, probablemente Ramsés II, ya no conoce los favores que deben a José. Lo que sí ve es que este pueblo de emigrados, va creciendo y que, con el tiempo, puede ser peligroso, si se les ocurre rebelarse o aliarse con otros enemigos.

Por otra parte, a los egipcios les interesa poder disponer de esa mano de obra tan abundante y barata. La opresión es de tipo laboral, pero para el pueblo judío es el prototipo de la esclavitud. Sobre todo, cuando se da la orden de eliminar a los niños que vayan naciendo, para contener el crecimiento del pueblo hebreo. Cuando ya se iba cumpliendo la promesa a Abraham de una descendencia numerosa viene la decisión contraria del Faraón. Aunque las comadronas no obedecían muchas veces esta cruel norma (un hermoso caso de “objeción de conciencia”).

Ahí es cuando empieza la historia de Moisés, que es también la historia de un Dios que ha decidido liberar a su pueblo. Entendemos por qué Israel canta con gratitud salmos como el de hoy: “Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, nos habrían tragado vivos... Bendito el Señor que no nos entregó en presa a sus dientes. Nuestro auxilio es el nombre del Señor”. Nosotros, cuando nos disponemos a empezar este triduo en honor al Beato Gaspar, podemos situarnos en esta perspectiva: hemos sido liberados por el nuevo Moisés, Cristo Jesús. Con su muerte, su éxodo, nos ha hecho salir de la esclavitud y nos ha hecho miembros del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia. La historia de Gaspar de Bono, puede llevarnos a reafirmarnos en esta experiencia. Porque también el Beato Gaspar de Bono, experimento su propio Éxodo, sintiéndose dispuesto después, a seguir los pasos del Santo de Paula, cuando siendo soldado durante más de 10 años, cayó herido, y herido de muerte. Fue esta la encrucijada en la que Dios le esperaba para cambiar el rumbo de su vida. Fue posiblemente en el ejército donde vivió un espíritu espartano con una disciplina recia sin concesiones, con espíritu de austeridad y abnegación. Allí aprendería a dominarse, a superarse, a arriesgarse y a ser valiente hasta con peligro, incluso de la propia vida. De esta manera, el Señor iba modelando el corazón de Gaspar para abrazar el espíritu de la escuela de san Francisco de Paula. 

Cuando Gaspar de Bono ingresa en la Orden de los Mínimos no hizo más que cambiar la consigna “por Dios y por su rey”, como buen soldado, por la más elevada de “por amor a Dios”. El ideal del soldado Gaspar cambió cuando herido tras hostigar al enemigo, éste vino sobre él dejándolo por muerto. Allí el Señor le salió al encuentro. Y a partir de ese momento, su ideal apuntará más alto, pues sólo el cielo puede colmar el corazón del hombre. Y es que la gloria, el poder y la fama de este mundo son pasajeros, en cambio, la del cielo es eterna. Además, cuando ésta nos toca, cuando sentimos el amor de Dios, que es amor sin condiciones, nos lleva a amar a nosotros del mismo modo. 

El Padre Gaspar de Bono se sintió atrapado por este amor de Dios, y así vivió buscando estar con él a costa de lo que fuera. Así, el mismo aleccionado por Dios en su misma vida, será ya en el convento, siempre sin buscarlo, maestro para sus hermanos. Y es que Dios cumple siempre sus promesas, colmando la vida, del que vive para Dios, como hizo con san Francisco de Paula, con el Beato Gaspar de Bono, con tantos hombres y mujeres que han vivido según el espíritu mínimo y en definitiva con todo aquel que quiera vivir sólo para Dios. 

¿Estaremos nosotros hoy dispuestos a entregarle nuestra vida, enamorados como él de la humildad para hacer realidad en medio de este mundo, como hizo el Beato Gaspar de Bono, el Reino de Dios? Porque nos lo recuerda también Jesús en el evangelio: “Busca primero el Reino de Dios y su justicia, y lo demás vendrá por añadidura”. 


TRIDUO AL SANTO BEATO GASPAR DE BONO.
II DÍA (Ex 2, 1-15a // Sal 68, 3.14.30-31.33-34 // Mt 11, 20-24) 

En este segundo día del Triduo en honor al Beato Gaspar de Bono, la liturgia de la Palabra en su primera lectura sigue el relato del Éxodo que comenzábamos ayer con un pasaje a la vez encantador y significativo. Frente a la voluntad del Faraón que quiere reprimir el crecimiento del pueblo judío, la sencilla acción de 3 mujeres sirve para que los planes de Dios sigan adelante: la madre y la hermana de Moisés y la hija del mismo Faraón.

Los caminos de Dios son siempre sorprendentes. Una cesta en el río y un niño llorando dentro de ella conmueven el corazón de la egipcia. Paradojas de la vida: la hija del Faraón adopta y educa al que será el liberador del pueblo oprimido por su Padre.

El nombre Moisés probablemente era egipcio, pero los hebreos lo interpretaron como del verbo hebreo “mossá”, sacar. Y así aparece Moisés como el sacado, el salvado de las aguas: el que luego será el que libere a su pueblo de la esclavitud, figura del mismo Jesús, que, escapando de la matanza de los inocentes, en Belén, será el salvador de todos.

Es verdad que no tuvo de momento mucho éxito Moisés entre los suyos. Él mismo tuvo que escapar de Egipto viviendo su propio Éxodo.

También el Beato Gaspar de Bono, llamado Gaspar porque fue bautizado el día de la adoración de los Reyes Magos, queriéndolo llamar así sus padres como a uno de ellos, experimentó su propio éxodo, sintiéndose dispuesto a seguir los pasos del santo de Paula, tal y como recordábamos ayer, cuando siendo soldado durante más de 10 años, cayó herido de muerte, momento en el que su vida cambiaría de rumbo.

Podríamos decir que el tiempo vivido en el ejército en el que Dios iba modelando el corazón de Gaspar de Bono fue como para Moisés el tiempo fuera de Egipto en Madián, como el andamiaje o el esqueleto que sostiene el espíritu de conversión y penitencia que es lo que da vida y razón a la Orden de los Mínimos de san Francisco de Paula. De esta manera, el Padre Gaspar de Bono al ingresar en los Mínimos no hizo más que cambiar la consigna de los que los hacen todo por caridad, todo por amor de Dios. 

El Padre Gaspar de Bono, a lo largo de su vida, tuvo conciencia de ser zarandeado, experimentó distintos éxodos por los acontecimientos y circunstancias que tuvo que vivir, pero en ninguna ocasión perdería el norte. Su fe en Dios era tan firme que siempre le sacó a flote, como Moisés fue sacado de las aguas. Supo encajar su tartamudez, la pobreza de su casa, la ceguera de su madre, el tener que ganarse el pan de cada día, la cerril oposición de los suyos a que ingresara en la orden de los dominicos, el tener que abandonar su tierra, su familia, sus gentes e irse a tierras lejanas a vivir acuartelado durante 10 años, a veces, en lugares tan inhóspitos y sobre todo quedar maltrecho y medio muerto. 

Todo puede parecer en la vida como callejones sin salida, como también nos lo pueden parecer a nosotros las vicisitudes que nos tocan vivir y pasar a cada uno de nosotros. 

El Padre Gaspar siempre se salió con la suya viendo oportunidades donde otros solo ven desgracias: estar con Dios a costa de lo que fuera. Así se convertiría Gaspar de Bono en un hombre de gran atractivo humano y religioso que supo poner su personalidad decidida al servicio de Dios y de sus hermanos. 

Su ideal fue la identificación plena con Cristo: vivir como él vivió, permaneciendo unido como sarmiento a la vid que es Cristo, conectando profundamente con el espíritu evangélico y penitencial de san Francisco de Paula, brillando por su sencillez, humildad y completa entrega al Señor. Dando de esta manera el mejor fruto. 

Todos los cristianos estamos llamados a ser signos del amor de Dios, a acoger a Jesucristo para ver en lo más íntimo de nuestra alma la presencia de Dios. Los cristianos hemos de luchar y esforzarnos por vivir el evangelio. Una vida humana unida a Cristo provoca por sí misma, una mirada hacia el Eterno para los hombres y mujeres de todos los tiempos. También el nuestro. 

Que el santo Beato Gaspar de Bono, que cambió el servicio al rey por el seguimiento de Cristo, paciente y penitente, alistándose en la escuela de conversión y penitencia para llegar a la caridad de san Francisco de Paula, nos aliente en nuestra vocación cristiana, para que, como él, podamos ser para nuestros hermanos signos visibles del amor de Dios, experimentando así la alegría en plenitud de ser sus amigos. 


TRIDUO AL SANTO BEATO GASPAR DE BONO.
III DÍA (Ex 3, 1-6.9-12 // Sal 102, 1b-4.6-7 // Mt 11, 25-27) 

La visión de la zarza ardiente que hoy, tercer día de nuestro triduo en honor al B. Gaspar de Bono, representa un momento decisivo en la vida de Moisés y de su pueblo: Dios le llama para llevar a cabo la liberación de su pueblo.

Han pasado varios años desde la huida de Moisés de Egipto a Madián. Se ha casado allí con Séfora, la hija del sacerdote pagano Jetró. Ha tenido familia. Ha madurado en su carácter. Es pastor de oficio y está cuidando los rebaños de su suegro. Y allí se la aparece Dios, en forma de fuego que no se consume. A Pedro le hará impresión el Jesús de la pesca milagrosa; a Pablo, el Jesús que se le aparece en el camino de Damasco. Cada uno tenemos algún momento en el que Dios sale a nuestro encuentro, a nuestro paso.

Quien se aparece a Moisés es el Dios de los patriarcas. El Dios de la promesa. El Dios que ve cómo sufre su pueblo y no lo puede soportar, y decide intervenir, enviando a Moisés.

La vocación no es nada fácil. De momento, su temperamento decidido responde: “Aquí estoy”. La misión no es fácil pero la respuesta de Dios es una de las respuestas que más aparece en la Biblia por parte de Dios: “Yo estoy contigo”.

Al Beato Gaspar de Bono también le salió Dios a su encuentro. La ocasión a él le llega a través del fracaso físico y material. Sucedió que él, soldado de Carlos V, con algunas unidades de su escuadrón de caballería, tuvo que hostigar al enemigo. Pero este respondió con tanta fiereza, con tanta violencia que Gaspar y los suyos retrocedieron en confuso desorden. El mismo cayó en un pozo seco, quedando oprimido por su cabalgadura; los enemigos vinieron sobre él, y después de abrirle la cabeza a golpes, lo dejaron por muerto. En aquella terrible angustia invocó a sus santos patronos y a la Virgen de los Desamparados, prometiendo ingresar en la Orden de san Francisco de Paula si salía con vida.

Y el Señor le tomó la palabra. Experimentado Gaspar ya en la pobreza y en sus trabajos, vivida desde el seno familiar, todo esto hará que no le resulte áspero seguir las reglas de la Orden. Y es que, como nos recuerda el evangelio de hoy, evangelio que proclamamos el día de la fiesta del santo de Paula, sólo las personas sencillas, las de corazón humilde, son las que saben entender los signos de la cercanía de Dios. Lo afirma Jesús, por una parte, dolorido, y por otra, lleno de alegría. Y nos lo muestra la misma vida del Beato.

¡Cuántas veces aparece en la Biblia esta convicción! A Dios no lo descubren los sabios y los poderosos, porque están llenos de sí mismos, sino los débiles, los que tienen un corazón sin demasiadas complicaciones. Entre “estas cosas” que no entienden los sabios está sobre todo, quién es Jesús y quién es el Padre. Pero la presencia de Jesús en nuestra historia sólo lo alcanzan a conocer los sencillos, aquellos a los que Dios se lo revela.

En los evangelios podemos constatar continuamente este hecho: Cuando nació Jesús en Belén, lo acogieron María y José, sus padres, una humilde pareja de jóvenes judíos; los pastores, los magos de tierras lejanas y extranjeros y los ancianos Simeón y Ana. Los sabios y entendidos, las autoridades civiles y religiosas no lo recibieron. A lo largo de su vida se repite la escena: la gente del pueblo alaba a Dios porque comprenden que Jesús sólo puede hacer lo que hace, si viene de Dios. Mientras que los letrados y los fariseos buscan mil excusas para no creer. 

El Beato Gaspar Bono es capaz de ver la mano de Dios en su historia personal. Y desde la humildad y la penitencia pone toda su vida a su servicio.

La pregunta hoy vale para nosotros, ¿somos humildes y sencillos? ¿Somos conscientes de que como Moisés, san Francisco de Paula, el Beato Gaspar Bono necesitamos la salvación de Dios? O, más bien, ¿somos retorcidos y pagados de nosotros mismos, resabidos y entendidos, que no necesitamos preguntar porque lo sabemos todo, que no necesitamos pedir porque lo tenemos todo?

¡Cuántas veces la gente sencilla ha llegado a comprender con serenidad gozosa los planes de Dios y los acepta en su vida, mientras que nosotros nos perdemos en teorías y razonamientos...! La oración de los sencillos es más entrañable y segura, llega más al corazón de Dios que nuestra oración llena de muchas palabras- 

Les recordaba al principio, a colación de la zarza ardiendo, que cada uno tenemos algún momento en el que experimentamos que Dios ha salido a nuestro encuentro... Moisés, Pedro, Pablo... el Beato Gaspar Bono... Dios sigue hoy saliendo a nuestro encuentro. Ellos fueron generosos y pusieron su vida al servicio de Dios. Hoy pedimos a Dios en la fiesta del Beato, que por su intercesión también nosotros revestidos de humildad podamos hacer de nuestra vida una ofrenda para hacer realidad hoy el Reino de Dios. Podemos sentir dirigidas a nosotros las palabras que dirigió a los padres y hermanos de su congregación: “...por el amor del Señor clavado en la cruz a causa de nuestros pecados, por amor de Dios y de su bendita Madre, reflexionemos sobre el deber que tenemos de ser buenos y santos”.

D. Pedro San Clemente, pbro.

14/7/21

TERCER DÍA TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO



TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO

Tercer día

Concluimos hoy nuestro triduo y el Año Social Mínimo en el día de la fiesta del Beato Gaspar de Bono. Durante estos días hemos ido recordando y orando por los frailes y las monjas mínimos. Hoy tendremos especialmente presentes a todos los Terciarios Mínimos y especialmente a nuestra fraternidad de Alaquàs.

Ser terciario, nos lo recuerda bien la regla, no obedece a una devoción hacia el Santo. Ser terciario es decir sí a la vocación, aquella por la que ayer orábamos intensamente, recibida y vivida desde el carisma penitencial de san Francisco de Paula.

El Señor puso ante nuestros antepasados a San Francisco de Paula y a sus hijos, los Frailes Mínimos, entre los que destacó el beato Gaspar de Bono.

Hoy nos los sigue proponiendo como modelo de vida. Demos gracias a Dios por este regalo y compartamos siempre que podamos el banquete que Él nos ha preparado donde el alimento es Él mismo en su Palabra y hecho pan y vino.

Para los que no podáis acompañarnos en las celebraciones en el templo parroquial, os queremos compartir los textos que vamos a utilizar para que, unidos en la oración pidamos al Señor, por intercesión del Beato Gaspar de Bono, las virtudes que nos ayuden a ser más santos.


Invocación inicial

Clementísimo y dulcísimo Señor: Iluminad nuestras mentes e inflamadnos los corazones, para que, con el auxilio de vuestra Divina Majestad, nos consagremos estos días en honrar y venerar la memoria de vuestro siervo, el beato Gaspar de Bono, de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula.


Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Para vivir el triduo desde casa, os proponemos el rezo de los misterios GLORIOSOS del Santo Rosario o, tal y como haremos en la parroquia la oración de Vísperas (miércoles de la III Semana) 


De la vida del Beato

Falleció en el verano de 1604, el 14 de julio, con tan gran fama de santidad que su cadáver estuvo durante tres días expuesto en la iglesia conventual de Valencia, acudiendo gran número de fieles y comenzando a atribuirse a su intercesión numerosas curaciones. Pocos días después de su inhumación se procedió a la apertura del proceso informativo diocesano. Además, el arzobispo de Valencia (san Juan de Ribera) autorizó a los fieles a rendirle culto local, que se celebró cada 14 de julio durante varios años, hasta la prohibición general de Urbano VIII en 1625. En el capítulo general de la Orden de 1611 se acordó unánimemente promover su beatificación.

Finalizado el proceso diocesano en 1623, se inició el proceso apostólico, el cual se concluyó en 1632. Sin embargo, el reconocimiento de la santidad del mínimo tropezó con grandes dificultades, no siendo la menor la falta de fondos para hacer frente a los gastos que se causaban. En 1779 se publicó el decreto de reconocimiento de virtudes y, finalmente, fray Gaspar de Bono fue beatificado en 1786 por Pío VI. Se le rinde veneración, sobre todo, en Valencia, especialmente en la calle Cañete, donde se conserva la casa natal.


Oración para el día tercero

Señor y Dios de todo consuelo: Os damos gracias por los favores que dispensasteis al santo Beato Gaspar de Bono, abrasando su corazón con tan ardiente amor hacia Vos, que le hacía entregar su cuerpo a la más austera penitencia, por lo que no dudasteis, viendo su gran fervor, hacerle uno de los provinciales de la Orden de los Mínimos, para que gobernarse con tan preeminente cargo, después de haber sido corrector de los conventos de Valencia y Alaquàs, de los que llegó a ser su admiración.

Os suplicamos, Señor y Padre nuestro, que por intercesión de vuestro gran siervo, cumplamos cada uno de nosotros los deberes y obligaciones que nos llevarán a la santidad de vida, para así agradaros en la tierra y poderos gozar en el cielo.

Padrenuestro, avemaría y gloria (3 veces). Después de cada gloria, repetiremos la jaculatoria: ¡Jesús mío, misericordia!


Preces

Con toda confianza oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre para que, por intercesión del Beato Gaspar de Bono, acoja benigno las súplicas que le dirigimos en favor de todos los hombres.

Por la Iglesia necesitada siempre de reforma en sus instituciones y de conversión en sus miembros. Roguemos al Señor.

Por todos los que buscan a Dios sin saberlo, por los que viven sin esperanza: para que puedan descubrir en la vida de los creyentes el verdadero rostro del Dios vivo, revelado en Cristo Jesús. Roguemos al Señor.

Por todos los hombres de buena voluntad que se preocupan por construir un mundo mejor: para que sus esfuerzos se vean coronados por la conquista de una sociedad más justa y pacífica, según el proyecto de Dios. Roguemos al Señor.

Por nuestros hermanos más necesitados; Por los que sufren los efectos de esta pandemia, de cualquier enfermedad o están postrados en el lecho del dolor; para que sientan la cercanía de la comunidad y experimenten la realidad que afirmamos al decir que Dios es amor y no hay amor sin caridad, Roguemos al Señor

Por nuestra fraternidad de la Orden Mínima Seglar. Para que continuemos esforzándonos para ser verdaderos “mínimos” imitando las virtudes de san Francisco de Paula y del beato Gaspar de Bono y demos dignos frutos de conversión y caridad. Roguemos al Señor

Por todos nosotros, y por todos los miembros de la Orden de los Mínimos: frailes, monjas y terciarios, para que como el beato Gaspar de Bono, vivamos la penitencia evangélica con espíritu de sincera conversión interior. Roguemos al Señor.

Concede, Dios todopoderoso, a tu pueblo la conversión del corazón, y haz que, por intercesión del Beato Gaspar de Bono, obtenga de tu bondad lo que te pide humildemente. Por Jesucristo nuestro Señor.


Oración para todos los días

¡Santo Beato Gaspar de Bono!

Vos que tanto mortificasteis vuestro cuerpo y padecisteis tantas privaciones para aseguraros el fruto de la Redención. Mirad las miserias de nuestra alma y tened compasión de nosotros.

Por vuestra intercesión poderosa presentadnos delante de Jesús y de María, de los que imploramos el perdón de nuestros pecados. 

Comunicadnos una centella de la caridad de la que vuestro corazón está inflamado y, a imitación vuestra, haced que la voluntad divina sea la única regla en nuestra vida.

Alcanzadnos la gracia que os pedimos, así como una filial devoción a la pasión del Señor y a los dolores de su Santísima Madre, para así perseverar en su servicio y ganar la vida eterna. Amén.


De los milagros del Santo Beato Gaspar de Bono

En los días que se halló expuesto el cadáver del Padre Bono en la iglesia conventual de San Sebastián, fueron muchos los milagros con que Dios atestiguó la santidad de su Siervo. 

Jerónima Galindo, logró ver restituido repentinamente el movimiento de su brazo, que tenía perdido por espacio de seis meses, con sólo el contacto de la mano del difunto.

Un niño de tres años, hijo de Martín Polo quedó, con igual procedimiento, curado de la fractura de un brazo.

A Damiana Martínez la libró del asma que por distintas veces la había puesto a las puertas de la muerte.

Úrsula Peirona y Pedro Gonzalvo, quebrados de entrambos lados, quedaron buenos y sanos, una en presencia del cuerpo del Beato y el otro al contacto con el mismo, pronunciando ambos al mismo tiempo los nombres de Jesús María y José, como sabían que siempre tenía en la boca el Beato Gaspar.


Gozos al Beato

Sois el primer resplandor 
del Sol de la caridad; 
Dadnos Gaspar tu favor, 
en cualquiera adversidad.

Como soldado guerrero, 
os hizo la providencia
centinela de Valencia, 
donde está tu cuerpo entero, 
para ser su defensor 
contra toda hostilidad

Dadnos Gaspar tu favor, 
en cualquiera adversidad.

Los que humildes y devotos 
os rinden adoraciones, 
llenadles de bendiciones 
y admitid también sus votos, 
pues con el mayor fervor 
imploran vuestra Piedad:

Dadnos Gaspar tu favor, 
en cualquiera adversidad.


Oremos

Oh Dios, que has querido darnos en el Beato Gaspar un modelo singular de tu amor, en su milicia terrena y más en la profesión de los consejos evangélicos, concédenos por su intercesión que perseverando siempre en tu servicio merezcamos alcanzar el premio eterno.
Por Nuestro Señor Jesucristo…


Himno al Beato Gaspar

Gaspar de Dios amado,
Gaspar de Dios amante,
lucero deslumbrante de limpio fulgor;
contempla desde el cielo tu Orden sacrosanta,
que plácida te canta sus cánticos de amor.

Formaron tus encantos Jesús, José y María;
la santidad heroica fue siempre tu ideal,
y al Padre San Francisco tomando por tu guía, 
las cumbres escalas del Reino celestial.


13/7/21

SEGUNDO DÍA TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO



TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO

Segundo día 

El Beato Gaspar de Bono sintió desde muy niño una gran vocación religiosa. Sus circunstancias personales le obligaron a renunciar a ella. Pero el Señor siempre escribe derecho en renglones torcidos y, como en tantas ocasiones, de una desgracia hizo grande la humildad de su siervo.

Hoy en nuestro triduo vamos a pedir especialmente por las Monjas Mínimas, nuestras hermanas contemplativas, que con su trabajo y su oración constante delante del Señor convierten su vida cuaresmal en una continua Pascua en la tierra. Oremos por ellas y por las vocaciones a la vida consagrada, especialmente en nuestra Orden, pero también para que cualquier seglar se decida a vivir, en su estado, la vocación recibida.

Para los que no podáis acompañarnos en las celebraciones en el templo parroquial, os queremos compartir los textos que vamos a utilizar para que, unidos en la oración pidamos al Señor, por intercesión del Beato Gaspar de Bono, las virtudes que nos ayuden a ser más santos.


Invocación inicial

Clementísimo y dulcísimo Señor: Iluminad nuestras mentes e inflamadnos los corazones, para que, con el auxilio de vuestra Divina Majestad, nos consagremos estos días en honrar y venerar la memoria de vuestro siervo, el beato Gaspar de Bono, de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula.

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Para vivir el triduo desde casa, os proponemos el rezo de los misterios dolorosos del Santo Rosario o, tal y como haremos en la parroquia la oración de Vísperas (martes de la III Semana) 


De la vida del Beato

Fue ordenado sacerdote en 1563, con dispensa de falta de años de estudio, por el arzobispo Martín Pérez. Su tartamudez (algunos le apodaban el padre tartaja) no impidió que, por su buen criterio e irreprochable observancia, le fueran confiados sucesivamente diversos cargos de responsabilidad en la Orden: maestro de novicios, corrector local (en Barcelona, Perpiñán, La Fresneda, Alaquàs, Muro, etc.), colega provincial en 1596 y, a instancias del arzobispo san Juan de Ribera y en contra de su voluntad, Provincial de Valencia en 1602 en el capítulo celebrado en este convento de Alaquàs. Como formador se basó en la persuasión para que los jóvenes madurasen en la piedad, el estudio y la disciplina. Como superior se condujo con paternal solicitud, teniendo como único objetivo que sus frailes progresaran en el camino de la santidad y mostrándose especialmente solícito con los enfermos. Hacia 1594 recorrió las provincias monásticas de Granada y Sevilla, allegando limosnas para pagar el rescate de religiosos mínimos capturados por corsarios norteafricanos.


Oración para el día segundo

Señor Todopoderoso y eterno, que con gran sabiduría vais preparando las almas de quienes con docilidad os escuchan para luego llevarlas por los caminos y fines que son de vuestro agrado, como lo hicisteis con la de vuestro siervo Gaspar de Bono, que viéndose sin medios ni recursos para sustentar y ayudar a sus ancianos padres se dedicó al servicio de un comerciante de tejidos, cercenando su comida para darles la mayor parte a los que, después de Vos, debía él el ser, por lo que dio lugar al quebranto de su salud.

Os suplicamos, Señor y Dios nuestro, que a imitación de tan privilegiada alma, cumplamos todos con el deber de cuidar de nuestros padres y ejercitar con todos nuestros semejantes la virtud de la caridad, aun a costa de algún sacrificio, para que esta santa y caritativa práctica merezca de vuestra bondad la vida eterna.

Padrenuestro, avemaría y gloria (3 veces). Después de cada gloria, repetiremos la jaculatoria: ¡Jesús mío, misericordia!


Preces

Unidos a toda la Iglesia, oremos, hermanos, para que el Señor, dador de todo bien, envíe obreros abundantes a su mies. 

Por el Papa, los obispos, sacerdotes y todas las demás almas consagradas: para que, con su testimonio y vida ejemplar, susciten en la Iglesia nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada. Roguemos al Señor.

Por los jóvenes de ambos sexos que han oído la llamada de Jesús o están en período de discernimiento vocacional: para que, guiados sabiamente por sus educadores, no duden que seguir a Cristo es el ideal más grande por el que vale la pena entregar la propia vida. Roguemos al Señor.

Por todas las familias cristianas: para que fomenten en sus hogares los valores fundamentales del Evangelio y, buscando el mayor bien para sus hijos, no descarten por principio el que un día sean sacerdotes o religiosos. Roguemos al Señor.

Por los institutos de vida consagrada, los seminarios y en particular por esta familia religiosa de la Orden de los Mínimos formada por sus tres ramas: frailes, monjas y terciarios: para que todos y cada uno de sus miembros sean conscientes de su responsabilidad en la promoción, acogida y formación de las vocaciones a nuestra Orden. Roguemos al Señor.

Por todos nosotros: para que valoremos siempre más el don inestimable que es para la Iglesia toda vocación de especial consagración y, agradeciendo al Señor estos dones, apoyándoles con nuestra oración, aprecio y ayuda humana. Roguemos al Señor.

Señor Jesucristo, que llamaste uno a uno a los apóstoles para hacer con ellos la primera comunidad de consagrados, y a lo largo del tiempo has hecho lo mismo con tantos hombres y mujeres; por intercesión de María, modelo de consagrados y de San Francisco de Paula, no dejes de llamar también hoy a jóvenes (y no tan jóvenes) que, con su vida y su palabra, hagan patente ante el mundo el amor con que los amas. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


Oración para todos los días

¡Santo Beato Gaspar de Bono!

Vos que tanto mortificasteis vuestro cuerpo y padecisteis tantas privaciones para aseguraros el fruto de la Redención. Mirad las miserias de nuestra alma y tened compasión de nosotros.

Por vuestra intercesión poderosa presentadnos delante de Jesús y de María, de los que imploramos el perdón de nuestros pecados. 

Comunicadnos una centella de la caridad de la que vuestro corazón está inflamado y, a imitación vuestra, haced que la voluntad divina sea la única regla en nuestra vida.

Alcanzadnos la gracia que os pedimos, así como una filial devoción a la pasión del Señor y a los dolores de su Santísima Madre, para así perseverar en su servicio y ganar la vida eterna. Amén


De los milagros del Santo Beato Gaspar de Bono

Cierto día, siendo el padre Gaspar corrector del convento de Alaquàs, en una año de gran miseria, se juntaron en la portería tal multitud de gentes acosadas por el hambre que, enternecido el santo Corrector, mandó se les distribuyese todo el pan que había en la casa.

Llegada la hora de ir al refectorio, el despensero, todo turbado, le manifestó que no había pan sino par a tres o cuatro personas, siendo veinte los conventuales, sin contar con la gente de servicio. Sin embargo, al santo Beato le mandó hiciese su acostumbrada señal con la campanilla y, llegando la comunidad al refectorio, lleno de confianza en la Divina Providencia, bendijo los cuatro panecillos, y repartiéndolos, los multiplicó Dios de manera que, no sólo quedaron satisfechos todos, sino que sobró bastante para que así brillase más la fe de su Siervo.


Gozos al Beato

Sois el primer resplandor 
del Sol de la caridad; 
Dadnos Gaspar tu favor, 
en cualquiera adversidad.

En un pozo herido os visteis, 
dando el último suspiro, 
y de inválido el retiro 
a los Mínimos pedisteis 
para con mayor ardor 
conquistar la santidad
Dadnos Gaspar tu favor, 
en cualquiera adversidad.

Los que humildes y devotos 
os rinden adoraciones, 
llenadles de bendiciones 
y admitid también sus votos, 
pues con el mayor fervor 
imploran vuestra Piedad:
Dadnos Gaspar tu favor, 
en cualquiera adversidad.


Oremos

Oh Dios, que has querido darnos en el Beato Gaspar un modelo singular de tu amor, en su milicia terrena y más en la profesión de los consejos evangélicos, concédenos por su intercesión que perseverando siempre en tu servicio merezcamos alcanzar el premio eterno. Por Nuestro Señor Jesucristo…


Himno al Beato Gaspar

Gaspar de Dios amado;
Gaspar de Dios amante,
lucero deslumbrante de limpio fulgor;
contempla desde el cielo tu Orden sacrosanta,
que plácida te canta sus cánticos de amor.

Formaron tus encantos Jesús, José y María;
la santidad heroica fue siempre tu ideal,
y al Padre San Francisco tomando por tu guía, 
las cumbres escalas del Reino celestial.



12/7/21

PRIMER DÍA TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO






TRIDUO AL BEATO GASPAR DE BONO 
PRIMER DÍA 


Iniciamos hoy el triduo en honor al Santo Beato Gaspar de Bono, fraile que residió en este convento de la Orden de los Mínimos en Alaquàs y del que podemos tomar clarísimas referencias de lo que es la espiritualidad de san Francisco de Paula.

Hoy vamos a pedir especialmente por los Frailes de la Orden de los Mínimos, nuestros hermanos “mayores”, para que el Señor les ilumine y continúen extendiendo el carisma Mínimo por el mundo. 

Por todos ellos, conocidos o no, vamos a dar gracias a Dios, por el Corrector General, P. Gregorio Colatorti, por el Delegado en España, P. Victoriano, por el ministerio de Mn. Morosini, arzobispo emérito de Reggio Calabria, que nos visitó siendo Corrector General en 2001 y por el P. Abilio León, actualmente en el convento de Sevilla, al que nos une una estrecha amistad desde 1982 cuando nos visitó por primera vez con motivo del novenario y que ha celebrado, el pasado día 27 de junio, sus bodas de oro sacerdotales.

Para los que no podáis acompañarnos en las celebraciones en el templo parroquial, os queremos compartir los textos que vamos a utilizar para que, unidos en la oración pidamos al Señor, por intercesión del Beato Gaspar de Bono, las virtudes que nos ayuden a ser más santos.


Invocación inicial:

Clementísimo y dulcísimo Señor: Iluminad nuestras mentes e inflamadnos los corazones, para que, con el auxilio de vuestra Divina Majestad, nos consagremos estos días en honrar y venerar la memoria de vuestro siervo, el beato Gaspar de Bono, de la Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula.

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser vos quien sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Para vivir el triduo desde casa, os proponemos el rezo de los misterios gozosos del Santo Rosario o, tal y como haremos en la parroquia la oración de Vísperas (lunes de la III Semana)


De la vida del Beato

Gaspar de Bono, nació en Valencia, en la calle Cañete, el 5 de enero de 1530. Hijo de un tejedor gascón, después de una infancia marcada por la extrema pobreza de su familia, tras trabajar en Valencia como dependiente para un comerciante de tejidos y después de una corta estancia con los Dominicos (religión que abandonó por el mismo motivo), se alistó como soldado de caballería, permaneciendo en la milicia unos diez años, durante los cuales participó en las campañas de Italia y Francia, hasta que resultó gravemente herido cerca de Pavía, haciendo entonces voto a san Francisco de Paula y a la Virgen de los Desamparados de que si salía con bien del trance, sería religioso mínimo. Una vez recuperado, cumplió lo prometido y entró de inmediato en la Orden de San Francisco de Paula, profesando en el convento de san Sebastián de Valencia el 17 de junio de 1561.


Oración para el día primero

Señor mío Jesucristo, padre y redentor de nuestras almas, por el gran amor que te mostró desde sus primeros años el santo beato Gaspar de Bono, que no encontrando en su entretenimiento mayor contento que ir cantando por las calles de Valencia las letanías de la Virgen, animando a otros niños a que, junto con él, alabaran a la Madre de Dios y os repitieran con frecuencia: ¡Señor, misericordia y perdón! Te pedimos nos concedas imitarlo pidiendo perdón por nuestros pecados, con dolor y propósito de enmienda, para alcanzar la santidad y la vida eterna. Amén

Padrenuestro, avemaría y gloria (3 veces)

Después de cada gloria, repetiremos la jaculatoria: ¡Jesús mío, misericordia!


Preces

Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, y por intercesión de San Francisco de Paula y del Beato Gaspar de Bono, imploremos la misericordia de Aquel que no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva.

Por la Iglesia entera llamada a ser ejemplo de conversión evangélica: para que incesantemente se reforme en sus instituciones y se renueve en sus miembros, según el modelo que es Cristo. Roguemos al Señor.

Por nuestro mundo, dividido por el odio y la guerra en ricos y pobres, dominadores y dominados, explotadores y explotados, vencedores y vencidos: para que por la conversión del corazón sea posible la reconciliación y la paz. Roguemos al Señor.

Por nuestros hermanos más necesitados; Por los que sufren los efectos de esta pandemia, de cualquier enfermedad o están postrados en el lecho del dolor; para que sientan la cercanía de la comunidad y experimenten la realidad que afirmamos al decir que Dios es amor y no hay amor sin caridad, Roguemos al Señor

Por la Orden de los Mínimos, y especialmente por nuestra fraternidad. Para que continuemos esforzándonos para ser verdaderos “mínimos” imitando las virtudes de san Francisco de Paula y como el beato Gaspar de Bono demos dignos frutos de conversión y caridad. Roguemos al Señor

Por todos los aquí presentes: para que sepamos reconocer nuestros pecados y progresemos constantemente en la conversión del corazón. Roguemos al Señor.

Confírmanos, Señor, en el espíritu de penitencia con que a nosotros, discípulos de San Francisco de Paula, nos has llamado a seguir a Cristo; y que la austeridad exterior que practicamos vaya siempre acompañada por la sinceridad de corazón. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.


Oración para todos los días

¡Santo Beato Gaspar de Bono!

Vos que tanto mortificasteis vuestro cuerpo y padecisteis tantas privaciones para aseguraros el fruto de la Redención. Mirad las miserias de nuestra alma y tened compasión de nosotros.

Por vuestra intercesión poderosa presentadnos delante de Jesús y de María, de los que imploramos el perdón de nuestros pecados. 

Comunicadnos una centella de la caridad de la que vuestro corazón está inflamado y, a imitación vuestra, haced que la voluntad divina sea la única regla en nuestra vida.

Alcanzadnos la gracia que os pedimos, así como una filial devoción a la pasión del Señor y a los dolores de su Santísima Madre, para así perseverar en su servicio y ganar la vida eterna. Amén


De los milagros del Santo Beato Gaspar de Bono

Antonio de Guilla, cirujano de la ciudad de Valencia en 1624, fue acometido por una fiebre maligna, fruto de la cual se le puso un fuerte dolor en el pie izquierdo que en breve le llegó a la rodilla. Creyendo los médicos que lo asistían que esto fuera una gangrena, determinaron hacer la amputación de la pierna, pero ni así aseguraban la vida del paciente.

Preparándose para dicha operación con las Santos Sacramentos, le inspiró el Señor le pidiese la salud por intercesión del padre Gaspar de Bono; por lo que recordando que tenía un retrato, mandó se lo llevasen al lecho del dolor, donde tan pronto lo vio, le pidió la salud.

Conoció mejoría en sus dolores y al poco rato, tanto el enfermo como los médicos coincidieron en que la maligna enfermedad había desaparecido, por lo que, en pocos días, saliendo en plena salud de su casa, fue a dar gracias a su bienhechor a la iglesia conventual de San Sebastián.


Gozos al Beato

Sois el primer resplandor
del Sol de la caridad;
Dadnos Gaspar tu favor,
en cualquiera adversidad.

De tan hermoso lucero
Valencia fue el claro oriente,
y San Nicolás la fuente
que os santificó primero,
logrando nuevo esplendor
con tu bella claridad.

Dadnos Gaspar tu favor,
en cualquiera adversidad.

Los que humildes y devotos
os rinden adoraciones,
llenadles de bendiciones
y admitid también sus votos,
pues con el mayor fervor
imploran vuestra Piedad:

Dadnos Gaspar tu favor,
en cualquiera adversidad.

Oremos

Oh Dios, que has querido darnos en el Beato Gaspar un modelo singular de tu amor, en su milicia terrena y más en la profesión de los consejos evangélicos, concédenos por su intercesión que perseverando siempre en tu servicio merezcamos alcanzar el premio eterno. Por Nuestro Señor Jesucristo…


Himno al Beato Gaspar

Gaspar de Dios amado;
Gaspar de Dios amante,
lucero deslumbrante de limpio fulgor;
contempla desde el cielo tu Orden sacrosanta,
que plácida te canta sus cánticos de amor.

Formaron tus encantos Jesús, José y María;
la santidad heroica fue siempre tu ideal,
y al Padre San Francisco tomando por tu guía,
las cumbres escalas del Reino celestial.


22/5/21

¡FELIZ PENTECOSTÉS!


SECUENCIA DEL ESPÍRITU SANTO

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo,
Padre amoroso del pobre;
don en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si Tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus Siete Dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

2/4/21

VIERNES SANTO Y PÍO TRÁNSITO DE N. P. SAN FRANCISCO DE PAULA

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2 de abril de 2021 – VIERNES SANTO

Pío tránsito de N. P. San Francisco de Paula


En la coincidencia del Viernes Santo con el segundo día del mes de abril acaecida en 1507 moría N. P. San Francisco de Paula. Aquel que se hizo todo Cuaresma marchó a la Pascua en pleno Triduo Pascual.

Hoy es un día para contemplar en silencio el misterio de nuestra Redención. Contemplar, pasmados y agradecidos, cómo el Hijo de Dios se ha entregado por nuestra salvación hasta la muerte «y una muerte de cruz» (Flp 2, 8).

En esta contemplación de la Pasión empleó fructíferamente bastante tiempo de su vida N. P. Es más, también en esta contemplación, asido a un crucifijo mientras se apagaba su vida, se adentró en la eterna.

¿Qué pensaría en aquel momento? ¿Qué ponderación haría de su larga vida? ¿Qué sentimientos lo embargarían en su undécima hora? ¿Dolor? ¿Miedo? ¿Pena? ¿Gozo? No los sabemos. Silencio y abandono confiados, como al pie de la Cruz la Virgen María, «Madre nuestra» (cf. Jn 19, 26).

¿Qué podía decir el Paulano? ¿Qué podemos decir cualquiera de nosotros sabiéndonos nada ante el que siendo todo no rehuyó su propia muerte por salvarnos? ¿Qué palabras caben mirando al árbol de la Cruz? Ninguna. Silencio, escucha, arrepentimiento y confianza en que, aunque «no sabemos lo que hacemos, Él nos perdona» (cf. Lc 23, 24). Lo que caben son actitudes, compromisos, tareas concretas para «verdaderamente estar con Él en el paraíso» (cf. Lc 23, 43).

«De igual modo ha dicho que en cierta ocasión yendo él con su maestro de obras a decir misa en la iglesia que el hermano Francisco había construido, como no tenían fuego, el mismo testigo preguntó al Hermano que dónde podía cogerlo. Él respondió: “Mira, por caridad, que tiene que haber en aquellos tizones que están en un rincón de la capilla”. El testigo fue y sopló fuerte sobre los tizones, pero allí no había fuego. Volvió al hermano Francisco y le dijo: “Padre, no hay fuego en aquellos tizones”. A lo que replicó el Hermano: “Que sí, por caridad, que sí hay”. Entonces Francisco tomó aquellos mismos tizones que había visto el testigo, sopló sobre ellos y al punto se encendió la llama, y, prendidas las velas, dijo la misa». 
D. Juan Antonachio, testigo 6º, Proceso cosentino.


No tenían fuego...


Miro al Crucificado y me miro. Reconozco que mi vivencia y compromiso cristianos están muchos días a la baja; al alza en incongruencias. En la masa de la cotidianidad en la que estoy inserto mi actitud pocas veces «ilumina y sazona» (cf. Mt 5, 13-16). Ya quisiera, cual discípulo de Emaús, exclamar cada día que «mi corazón arde escuchando su Palabra mientras camino con Él» (cf. Lc 24, 32). Pero no, reconozco que hay días en los que no ardo, no me preocupo en mantener viva la llama de mi interioridad y unión con Él y, así, ni ilumino ni enciendo a otros. ¡Ay! (cf. Lc 12, 49). En medio de la sequedad y el sinsentido, yo también exclamo en ocasiones: «¡Dios mío!, ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46).


Miro a San Francisco de Paula y me miro. Lo veo apagarse en su lecho tras décadas de ser y entrega plenas. Recuerdo sus vida, sus obras, sus palabras, «en vano se comienza el bien si se abandona antes de la muerte».


Donde podía cogerlo… Tiene que haber en aquellos tizones...

Miro al Crucificado y me miro. ¿Aún no entiendes lo que significó la Cruz? ¿Piensas que sólo es cargarla en pos de Él sin llegar a ser clavado? (cf. Mc 8, 34). Volvemos a vivir la Semana Santa con todas las precauciones necesarias. Son muchos los que han fallecido y siguen muriendo, los que lo están pasando muy mal anímica y económicamente. Antes y después de la pandemia, ahora por el virus, antes y ahora por otras tantas situaciones de injusticia y maldad que siguen estando presente (cf. Ecle 1, 9). Han sido meses en los que los ánimos, mi ánimo, titila. Hasta nuestra Madre la Iglesia sufre: la cierran, se queda sin medios para ayudar, sin feligreses, sin vocaciones, con algunos de sus miembros trabajando por la desunión y no por la concordia, etc. Al fin y al cabo, tampoco escapa de la realidad humana herida por el pecado. Cuando todo se torna desierto, aridez, sequedad, sinrazón, seguimos, ¡sigues Señor!, «teniendo sed» (cf. Jn 19, 30). ¿Dónde reanimarnos? ¿Dónde reavivar la brasas?


Miro a San Francisco de Paula y me miro. Alarga su mano y me la muestra llena de brasas: «para el que ama a Dios nada hay imposible», desde tu rincón interior, historia de amistad con Dios, desde tu lugar en la Iglesia y en el Mundo. ¿No lo ves? ¡Hay fuego! La realidad, por más sombría que se torne, jamás extinguirá por completo aquellos tizones que son la misma Cruz en amor abrasada y abrazada por Cristo.


No hay fuego… Que sí, por caridad, que sí hay...


Miro al Crucificado y me miro. ¿Realmente «está todo consumado» (cf. Jn 19, 30)? ¡Es todo tan difícil! ¡Parece todo tan inútil! Si es que todo está por hacer. Pareciera que has sido asesinado, que has muerto para nada. Si me falta tanto por cambiar, tanto por amar, tanto por abandonarme en ti. Por mucho que sople no avivo las brasas, no hay fuego, incluso hacen/hago de todo por apagarlo. Increencia, materialismo, relativismo, nihilismo. ¡Sopla conmigo Señor!

«La cruz nos indica una forma distinta de medir el éxito: a nosotros nos corresponde sembrar, y Dios ve los frutos de nuestras fatigas. Si alguna vez nos pareciera que nuestros esfuerzos y trabajos se desmoronan y no dan fruto, tenemos que recordar que nosotros seguimos a Jesucristo, cuya vida, humanamente hablando, acabó en un fracaso: en el fracaso de la cruz».

Francisco, papa, 24/09/2015, Vísperas con el clero, religiosos y religiosas. Encuentro Mundial de las Familias

Miro a San Francisco de Paula y me miro. Que sí, por caridad, confía, «encomienda tu espíritu en Él» (cf. Lc 23, 46) que Él hará el resto -con esa misma confianza acaba de recordar a todos sus hijos, que el voto de vida cuaresmal es posible e indispensable-. En esa misma confianza, agradece, confía, ora, vive los sacramentos, cumple los mandamientos y obra misericordia; ya en el Tabor, ya en el Gólgota, que en el fracaso y la oscuridad de tus «viernes santos» ya anida la gloria de su Resurrección.


Y, prendidas las velas, dijo la Misa…

«Asimismo, oíd reverentemente la Santa Misa para que, provistos con las armas saludables de la acerba Pasión de Cristo, que se renueva en la Misa, permanezcáis fuertes y firmes en la observancia de los mandamientos de Dios. Y os aconsejamos también que en la Misa roguéis devotamente para que la preciosa muerte de Cristo sea hecha vida vuestra, y su dolor vuestra medicina, y sus fatigas eterno descanso para vosotros».

Regla TOM, 10

En este Viernes Santo, al pie de la Cruz en la que Cristo «entregó su Espíritu» (Jn 19, 30), dejémonos vivificar y reanimar por Él. Por la gracia de Dios, su muerte es nuestra vida, su dolor nuestra medicina, sus fatigas nuestro descanso. Recordémoslo siempre. Que no pare nuestro corazón de darse incluso hasta la muerte, sin creer que todo está en nuestro hacer, sino también desde nuestro dejarnos hacer, dejarnos convertir, en unión y en intimidad con Él, aunque el desánimo y la asedia puedan ser algunos días nuestro único «fruto digno de penitencia» (cf. Mt 3, 8).

Así, estoy seguro, aquel viernes santo lo contemplaba N. P. asido a un crucifijo en su muerte. Su último aliento sigue soplando también los tizones de nuestra minimez para que aún hoy prendan en CHARITAS -Dios mismo-, y continúen, no sólo iluminando, sino también calentando y abrasando a muchos.



Enrique C. Alonso Morales